Ya no sé si eres mi sonrisa o mis lágrimas. Quizá lo único que me provocas ahora son náuseas.
Crees que vives en un castillo encantado, que eres un héroe, pero simplemente eres humano.
Esto no es poesía, ni lo pretendo, quiero que escuches bien atento.
Mi vida no vale nada, y todo es por ti.
Esas idas y venidas, esas noches que me quitaban la vida.
Esas falsedades, esas miradas, esa lujuria encerrada.
Ese deseo por huir de tu casa.
Esos temblores, esos tirones.
Me dominabas y me controlabas.
Acoso.
Las trompetas del funeral, dos rosas y un tulipán.
Esas canciones que sonaban cuando retorcía la almohada.
Aquella cara, aquel círculo, ese bosque y después lo amarillo.
Esas obsesiones que llamabas colecciones.
Esas historias convertidas en canciones.
Esas mentiras, llantos y dramas.
Esa comedia que me echabas en cara.
Mientes.
Ya no hay trompetas ni funeral.
Las rosas se han muerto, pero no el tulipán.
Hace falta aire y lluvia para limpiar toda la mierda que me hiciste.
No puedo respirar, aún no has quitado tu mano de mi garganta.
Tú sigue tirando, ya nada me acompaña.
Soy tu marioneta, tu sueño, tu sucio muñeco.
Me usas.
Sonrisas falsificadas con fotocopiadoras sin tinta.
La verdad duele tras una maravillosa mentira.
Déjame vivir.