lunes, 15 de julio de 2013

Veraneitor.

Ya ha llegado el verano, con él las vacaciones, el buen tiempo, en ocasiones, el solete, el tiempo libre-ocupado y miles de cosas más.
El verano es como la estación amada por los estudiantes, o no.

Lo que me gusta del verano es respirar, sí, respirar cada mañana ese olor a mar entrando en mi casa por cada ventana, esa brisa que nos devuelve la vida cuando parece que estamos fritos, e incluso los momentos que se pasan con las mejores personas de tu vida.

En mi texto anterior, hablé de un especimen, algo lejano de nuestras entendederas, un ser maravilloso e impredecible del que me había enamorado.
Este ser sigue a mi lado, bueno no, pero vaya, que seguimos juntos. Ahora en verano intentamos vernos más que antes, puesto que tenemos más tiempo. Lo cierto es que el amor es muy puñetero y aún no me hago a la idea de tener pareja a estas edades mozas y de tempranía.

Antes del amor, está la amistad y antes, la familia.
El amor es genial, pero sin amistad no debe existir, no es que no pueda, sino que no debe.
Pero la familia, la familia es algo tan importante como la salud. La familia marca tus estado de ánimo, más que ninguna otra cosa. La familia te enseña, te ayuda, te hace madurar, te apoya y te corrige, SIEMPRE, y nunca dejará de hacerlo por más que se intente evitarlo.

Últimamente, y durante estos días, conozco más a la gente con la que ando, sobretodo, a mis amistades.
No sé qué esperarme de todo esto, no sé qué pensar ni cómo acabará, pero espero que todo lo que me he imaginado se quede en mi mente como otras tantas historias que se han hecho un hueco en ellas, pero no veo nada claro.

Sin más, espero escribir mucho y contaros más acerca de mí.
POR FIN HE VUELTO DE VERDAD.

La vida es corta, comed galletas.
ROCK AND ROLL.

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